¿El espectáculo 2.0 puede llegar a manipular nuestras vidas?


La creciente evolución de la tecnología ha propiciado una serie de cambios en el paradigma comunicativo donde las personas han pasado de ser meros espectadores, a creadores de contenido. Estos cambios han conseguido transformarnos en una sociedad del espectáculo, donde cada vez más las personas, y sobre todo las nuevas generaciones, actuamos como si estuviéramos atadas a la red, como si se tratase de una red de telaraña, de la cual nos resulta difícil de escapar.


Como afirma Guy Debord en su libro La sociedad del espectáculo, “Toda la vida de las sociedades en las que dominan las condiciones modernas de producción se presenta como una inmensa acumulación de espectáculos.Todo lo que era vivido directamente se aparta en una representación'' (Debord,1999).


Dejando de lado el ámbito publicitario y empresarial, internet es el espacio donde miles de personas de todo el mundo, pelean cada día por conseguir llamar la atención, es algo lógico teniendo en cuenta que cada vez es mayor el número de opciones que un usuario puede elegir para entretenerse o influenciarse. 

Así como las redes como Instagram, y más recientemente, tik tok, o el mundo youtuber se presenta como algo simple o fácil de hacer, la realidad es que cuesta destacar en un medio cuando hay millones de personas como tú teniendo los mismos objetivos. 


Aunque la serie de Black Mirror en general apunta mucho por este tema, tomaremos como ejemplo el capítulo dos de la primera temporada, titulado “Fifteen Million Merits”. En este episodio podemos ver un mundo donde la gente pasa su vida encerrada en habitaciones pequeñas estilo cubículo, cuyo objetivo principal para ganarse la vida es estar pedaleando en unas bicicletas estáticas durante muchísimas horas para conseguir “méritos”, con los cuales, al poder reunir 15 millones, puedes participar en un concurso televisivo que te permite poder dejar esa vida monótona de las bicicletas, para así poder formar parte de una élite superior y por consiguiente, poder moverte por espacios más lujosos. El hecho de pensar en llegar a lo grande desde lo más bajo, construía una utopía para los protagonistas, al igual que puede ser un sueño para los principiantes youtubers o incluso algo que podemos ver en el entorno influencer de la vida actual, pues realmente vemos que nos vende ese espectáculo, en el capítulo de la serie representado como un concurso, en la vida real representado como otro en el que competimos para destacar, porque en el fondo deseamos salir de esa zona neutral donde se asienta todo el mundo.


¿Pero por qué deseamos destacar y gustar a tanta gente en las redes sociales, cuál es la necesidad real de querer diferenciarnos tanto? 


Como bien se afirma en el mini-documental sobre la serie Black Mirror del canal de Youtube Ovejas negras, en internet, la condición humana se mercantiliza a través de la imagen y representaciones idealizadas provenientes del espectáculo, es decir, nos exhibimos proyectando una imagen de nosotros mismos que creemos que es lo suficientemente atractiva como para que guste a nuestro público, lo que en general suele ser falso en nuestra vida real. 


Por lo tanto, podría decirse que en ocasiones cuando queremos destacar,  utilizamos distintas máscaras y diferentes personajes con el objetivo de aparentar lo que creemos que nuestro público  desea ver, es decir, lo que no somos realmente. Podríamos llegar a un punto en que ni siquiera nosotros mismos podamos distinguir qué es lo real y que no lo es, quién es el actor y quién es el personaje, pues al fin y al cabo preferirnos vivir en ese mundo de irrealidades canónicas. 


Nosotros nos construimos a nosotros mismos para vendernos porque pensamos, sobre todo en el ámbito influencer y YouTube, que si no somos lo suficientemente importantes en estas plataformas no somos nadie, pues alguien con más atractivo, más seguidores o más actitud nos va a pisar y por tanto acabaremos desapareciendo.


La intención de destacar en este nuevo espectáculo 2.0 que trae la red es tan fuerte que se retuerce en la mente de las personas sin que nos demos cuenta. Un ejemplo de esto, vivido en mi propia piel, son los filtros de Instagram, Snapchat y Tik tok, ¿Por qué cada vez que subo algún tipo de contenido a mis redes siento la necesidad de tapar mi verdadero yo para sacar mi yo hipertrofiado, ese yo disfrazado de lo que no soy pero al mismo tiempo me hace verme mejor de lo que soy? Ya apenas soy capaz de verme bien sin "decorar mi cara" y esto es un problema que me consta que tiene muchísima gente que he visto por redes sociales, lo que algunos psicólogos denominan como "Dismorfia de Snapchat". 


Este problema ha causado tanto impacto, sobre todo en la mente de los jóvenes que es mucho más influenciable por esa falta en ocasiones de razonamiento crítico, que hay personas que han llegado hasta tal punto incluso de querer operarse la cara para parecerse a sus propios selfies con filtros. No escondo que está situación se me haya pasado por la cabeza alguna vez hace tiempo, algunos filtros de Instagram me ponían los labios más grandes y me hacía verme mucho más bonita que con mis labios naturales, lo que hizo que me replantease en más de una ocasión cambiar mi aspecto, aparte de para verme mejor, pensaba que sería más atractiva para los cánones impuestos en estas redes sociales.

Yo creo firmemente que el hecho de ser competitivo, sobre todo si es para llegar a ser algo que quieres y  superarte a ti mismo, no es malo pues es la base del progreso, si todos nos quedáramos apalancados donde estamos seguíamos estando en la misma situación permanentemente. Por otro lado, intento pensar dónde están los límites, ¿acaso es bueno tratar siempre nuestra vida como una simple apariencia o un negocio?  El hecho de que queramos hacer un espectáculo de nuestra vida en las redes  subiendo cada detalle de nuestra intimidad, solo por ese aclamado postureo, o el  tratarnos como un producto… ¿Hace que realmente estemos perdiendo el verdadero significado de lo que es vivir la vida? 


Si queremos hacer un negocio de nuestra imagen, no sé hasta qué extremo nos beneficia o nos perjudica a nuestra integridad y tampoco sé de qué  me sirve ese sentimiento de conformidad cuando subo algo aparentando ser otra persona.



 

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